Un área de negocio con más de 150 personas entre marketing y producto enfrentaba una pérdida progresiva de clientes en un entorno cada vez más competitivo. Mientras nuevos actores digitales y grandes compañías de otros sectores ganaban cuota de mercado, la presión por acelerar el time to market y recuperar el liderazgo era cada vez mayor.
Habían recibido una propuesta de transformación por parte de una gran consultora estratégica, pero su enfoque resultó excesivamente complejo y difícil de aterrizar en la práctica. Tras una reorganización interna, los equipos operaban sin un modelo claro de gobernanza, sin dirección estratégica efectiva y con un uso poco eficiente de recursos y capacidades.
La urgencia era clara: para competir no bastaba con más esfuerzo, hacía falta una nueva forma de operar.